Santiago Carranza Espinoza murió en campaña, siguiendo a su primo hermano Emilio Carranza Garza, en el levantamiento que Emilio encabezó en contra de la corrupción del gobernador José María Garza Galán. Al morir Santiago, dejó huérfanos a sus dos hijos: Federico y Jesús (de Jesús Carranza Martínez son hijos Venustiano Carranza Tijerina, Elvia Carranza Tijerina y Jesús Carranza Tijerina. Venustiano Carranza Tijerina nació en 1917 en Candela, fue ahijado de don Venustiano y se retiró como General de División.)
Emilio Carranza Garza es papá de Jesús Carranza Castro quien en su vejez “adoptó” a Irma como su “hija-sobrina”. Durante la revolución, Jesús Carranza Castró fue miembro del estado mayor de don Venustiano Carranza.
Federico Carranza Martínez fue miembro del estado mayor de Jesús Carranza durante la Revolución Mexicana y pagador de su ejército Segunda División del Centro. Sin saberlo, su papá Jesús por ventura lo salvó de morir asesinado cuando, a fines de 1914, días antes de la emboscada del General Alfonso Santibáñez, lo envió en misión a Veracruz para llevar a la tesorería Constitucionalista fondos capturados. Santibáñez queriendo quedar bien con Francisco Villa, secuestró a Jesús Carranza Garza junto con su hijo Abelardo y su sobrino Ignacio Peraldí Carranza (que también formaban parte del estado mayor) y demandó a don Venustiano un “rescate” de 500 000 pesos y 500 000 cartuchos a cambio de sus vidas. Don Venustiano ordenó inmediatamente el movimiento de una fuerza para intentar salvar a su hermano, sus sobrinos y la tropa que lo acompañaba, pero su responsabilidad con México le impedía negociar con un secuestrador; Su hermano Jesús lo comprendía y al permitirsele enviar un telegrama como prueba de vida lo terminó escribiendo: …cumpla con su deber hermano. Me despido de ti. En seguida Jesús fue asesinado a machetazos no antes de haber sido asesinados de la misma manera y frente a él su hijo Abelardo y su sobrino Ignacio y de haber sido fusilados todos los soldados de su comitiva. La fuerza que se envió desde Veracruz a intentar salvarles la vida pudo llegar al lugar del crimen hasta el día siguiente, cuando Santibáñez con sus cómplices ya se habían dado a la fuga. Los cuerpos de Jesús, su hijo y sobrino, fueron trasladados a Veracruz y ahí sepultados. Luego del asesinato de su hermano y sobrinos, Venustiano Carranza le contestó una carta a su primera esposa diciendo:
“De Veracruz a San Antonio, Tex. Febrero 25 de 1915. Virginia: …Te agradezco las expresiones de condolencia por la muerte de Jesús que tanto he sentido, y a la familia que compadezco por todos motivos. Como te decía en mi anterior, no me han dejado sentirlo; pues no dejé un día de trabajar aun cuando fuera únicamente los asuntos oficiales …me ha tocado a mí en esta revolución, la más grande labor y los más grandes sufrimientos. La primera no la he sentido; hace cuatro años que trabajo casi igual aun cuando no con las responsabilidades que de dos años acá; pero no había sufrido tanto ni corporal ni moralmente porque ha sido fuerza soportar todo. La muerte de Jesús me ha afectado más porque no podía salvarlo y por el fin tan triste de él acompañado por su hijo y un sobrino. Esto lo ha de haber hecho sufrir mucho, pues era tan cariñoso con sus hijos, y estaba él seguro que los matarían…Creo que la providencia ha querido que yo sufra como todos mis soldados, y ha hecho que mis sufrimientos sean mayores que los de ellos; pero todo lo soportaré sin exhalar una queja y sin desviarme del camino del deber que he seguido toda mi vida. Mis padres me lo trazaron desde niño y me enseñaron a amar a la patria más que a ellos mismos. Por ello seguiré luchando como hasta ahora sin que nada me altere mi alma; con la fe en el triunfo de una causa que traerá el bienestar, la prosperidad y engrandecimiento de nuestra patria”.
En 1935 los restos mortales de Jesús, de su hijo Abelardo y de su sobrino Ignacio fueron exhumados en Veracruz y Federico, acompañado únicamente de su nietecita Irma, los trasladó de regreso a su tierra natal de Coahuila en donde hoy descansan.
Estas son algunas de las raíces que hicieron a Irma Carranza; Los abuelos, papá, tíos y primos que ella amó profundamente.